Amistad, una mentira.
Amor, otra mentira.
Eufemismos para esconder el miedo,
Y las bestias.
Palabras fáciles
Para vivir un cuento ciego.
Ser es no ser.
Entropía.
¡Oh! Hijos de aquel verano que pasó.
Mientras corro, giro y me vuelvo,
No ahorro en observación.
Ya cuando juegan de santos
Se que entierran una raíz marchita.
Y veo bajo los velos de villanía,
El miedo que con pudor cubren.
Porque soy eterno, siempre fui.
Soy memoria y soy proyecto.
Pretérito del futuro.
Yo soy el mal que por bien les llega.
Soy ese fósil olvidado.
El aliento fétido de la verdad.
Siete veces siete tentáculos
Tras la sombra del justo.
No soy el lobo que muere en cada tranco hacia su presa.
No soy el cordero que huye al inevitable final
Y entrega, manso, la yugular.
¡No!
A veces soy el cuervo que devora sus restos.
Y a veces el sabueso que protege al rebaño,
Ese perro que da caza a la jauría
Pero al final del día aúlla
Sobre una pierna de becerro.
La vida es injusta.
El alma es cautiva.
El cuerpo es presa.
Y la muerte libera.
Libera tus cadenas
Devorándote las manos.
© M. Whyte, MMXIII.
