martes, 29 de marzo de 2016

Aventura en el Desierto (TM)

Había una vez dos niños viviendo en casas contiguas, uno habitaba una choza humilde y el otro en un fastuoso caserón, y mientras que el primero jugaba utilizando solamente su imaginación, el segundo jugaba con sus figuras de Aventura en el Desierto (TM).

Los días pasaban y mientras el niño de la choza creaba un mundo tras otro a través de su imaginación enriqueciéndose, a la vez, intelectualmente, el otro niño jugaba repitiendo una y otra vez la historia correspondiente a la franquicia a la cual respondían sus juguetes.
Hasta que un día el niño del caserón, envidioso de como el otro niño se divertía en su austeridad, fue a visitarlo y le dijo "Hola vecino, vine a verte porque noté que te divertías mucho pero no tenías juguetes y se me ocurrió que podría ser todavía mejor para tí si te prestaba mis juguetes de Aventura en el Desierto (TM) y compartíamos las historias que tú creas, así, además, podemos jugar juntos y no estás tan solo", por supuesto, como el niño de la choza era de buen corazón y no estaba acostumbrado a este tipo de visitas, no vió mal en la propuesta y sin más aceptó.

Así fue que mientras jugaban juntos el niño imaginativo iba compartiendo sus historias con el otro mientras este asignaba a cada personaje de estas un juguete Aventura en el Desierto (TM) y con tono demagogo le comentaba "Ves, tus personajes no son muy diferentes de los de Aventura en el Desierto (TM)".

El tiempo fue pasando rápido entre juegos y risas y los niños fueron mezclando las historias con el canon de la franquicia de juguetes, hasta que, ya entrado en confianza, el niño del caserón decidió regalarle algunas de sus figuras al otro diciéndole "Te regalo estos personajes que representan a los que has creado, pero van a tener que hacer de villanos"; al oir esto el niño imaginativo pensó que era una broma o una ocurrencia pasajera para el juego, pero el otro niño parecía muy serio y determinado al respecto.

"Lo siento, sé que eres mi amigo y has sido muy generoso, ya casi eres uno más en esta casa, pero mis personajes pertenecen a mis historias y en mis historias siempre han sido buenos, así que no puedo aceptarlo" dijo firmemente el niño de la choza, pero su vecinito no pareció tomarlo muy bien, "Mira pobretón, ahora estoy en tu casa y te he dado estos costosos juguetes de Aventura en el Desierto (TM) que siempre han sido y serán villanos de la franquicia y por eso siempre se han parecido a los personajes de tu historia, así que: o jugamos Aventura en el Desierto (TM) como corresponde o esta amistad se acaba aquí y ya mismo le digo a mi Papá que haga demoler esta choza horrible en que vives y la tansforme en mi patio trasero, ¿qué te parece?".

El niño imaginativo conocía al Papá de su vecino y sabía que, aunque súbita, la amenaza no era vacía; por ello se vió en una encrucijada: él no quería rendir sus personajes, sus historias, sus ideas, pero tampoco podía permitirse perder su casa y mucho menos dejar a su familia sin un techo por culpa de un mero juego.

"¡Qué va! mientras siga pensando en mis historias no importa a que juegue, esto algún día cambiará, y mientras tanto mis personajes vivirán en mi imaginación" pensó el niño de la choza y, sin otra opción viable, aceptó los juguetes de Aventura en el Desierto (TM), y rindió sus historias y sus personajes adoptando los del canon de Aventura en el Desierto (TM), y tanto fue que jugó Aventura en el Desierto (TM) que un día también se rindió su imaginación y sus personajes perduraron villanos por mucho mucho tiempo y sus nombres fueron olvidados tomando finalmente los de los villanos de la franquicia de Aventura en el Desierto (TM) que los representaban.
Y fue así que finalmente el niño imaginativo aceptó el paquete completo de Aventura en el Desierto (TM) y renunció, casi sin percibirlo, a su propia identidad.

Moraleja: Cuando alguien quiera venderte el "paganismo" como una religión sistematizada y canónica, dale la espalda. No entres de nuevo a ese círculo que te integrará para siemre en una visión judeo-cristiana del mundo que no es la tuya.

© M. Whyte, MMXIII.